Pequeños granjeros en la granja de La Fageda

Al comenzar el verano, en julio, fuimos, en formato pack familiar y con amigos, a conocer la granja y fábrica de La Fageda. Fue una salida pensada y organizada para que los herederos disfrutaran al máximo el día, así que de todas las opciones de visita que hay en La Fageda, nos quedamos con la experiencia «Pequeños Granjeros».

La Fageda es una empresa de lácteos con misión social. Su producto estrella son eminentemente los yogures. También podríamos decir que es un proyecto empresarial. Un ejemplo que me hicieron estudiar en la universidad, también. Pero a mi me gusta decir que es un experimento social. A estas alturas, creo que poca presentación necesitan, pero podéis encontrar más información aquí.

Pequeños granjeros

Para visitar la fábrica y la granja, La Fageda ofrece varios intinerarios. Nosotros escogimos el de Pequeños granjeros, donde los más pequeños (y los mayores) participan activamente en el cuidado de los terneros y las vacas de la granja.

La actividad cuesta 7€, para niños de 3 a 10 años. Los menores de 3 años no pagan porque se supone que no participan.

Los acompañantes también pagan 7 € por persona. Precio que me parece excesivo para el papel que tienen los adultos dentro de la actividad.

Esta actividad se celebra los sábados, a las 15 h.

Antes de empezar

La visita empieza a las 15 h, así que podéis ir a comer antes de la visita, en Olot. También podéis llevar picnic y comer allí mismo. Aprovechar para cualquier otro plan. O lo que surja.

La granja se encuentra dentro de parque natural de La Garrotxa y cuando hacemos la reserva nos proporcionan todos los datos para acceder. Porque el camino parece el de un cuento.

Aquí, una futura calabaza encantada.

Nosotros llegamos temprano, tuvimos la oportunidad de descubrir parte de la granja, donde tienen, además de una zona de juegos, a distancia perfecta de la cafetería, un huerto de vegetales, frutas y hortalizas.

Con el Sr. Oh!, el Sr. Natural and friends estuvimos descubriendo todas las variedades que tienen plantadas.

Conocer a los terneros

La visita comienza presentándonos la granja. Y, quizás os deje ojipláticas, pero en la granja hay vacas y toros. Digo yo que con esos paisajes, la brisa de la noche, la luna y su color, pues habrán tenido sus momentos íntimos y claro, acaban habiendo terneros. Que es lo que a las vacas las pone a producir leche como condenadas.

Los terneros, son apartados pero están cerca de la zona de las vacas que ahora son lecheras. En toda mi vida, jamás he trabajado en una granja, así que no puedo opinar si las vacas y los terneros están mejor así o no, pero mi instinto mamífero me dice que apartar a las crías cuando son lactantes es cruel.

Si hay otro sistema para extraer leche o si a determinada edad los terneros es mejor que no estén con la madre, lo desconozco completamente y habría agradecido que en la visita nos explicaran porqué los tienen así.

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Nuestro trabajo, como granjeros dicharacheros, será alimentar a los terneros con leche (en polvo). Así que primero, aprenderemos a batir la leche en polvo para que quede líquida y sin grumos. Cosa que los niños disfrutaron un motón, batían como si la supervivencia de las vacas dependiera de ellos.

Cuando la leche queda bien batida, vamos a separar cada ternero para que todos puedan comer sin quitarle el alimento al de al lado y que nadie se quede sin ración.

Dar de comer a las vacas

Después iremos a conocer a las vacas lecheras. Los granjeros han dispuesto para nosotros una montaña de forraje, unas carretillas y algunas herramientas.

Cada niño, dispone que la carretilla que más le guste, pero como siempre habrá dos o más individuos discutiendo por el mismo trastrillo, la misma pala y la misma carretilla, a estas alturas, ya estamos curtidos.

Básicamente, el papel de los padres en este punto es el mismo que tenemos en el parque, evitar que se saquen un ojo entre ellos y que se peleen en exceso por un poco de paja exactamente igual a cualquier otro. También están los padres que se dedican a hablar con el de al lado, mientras su descendencia canea a los demás. Y los que se quedan de brazos cruzas y rebufan porque todo les parece mal.

Ya os lo he dicho, como en el parque.

Con la tontería de llenar las carretillas y llevárselas de comer a las vacas, ellos están super entretenidos, es un ejercicio físico que los fascina: llenar, arrastrar, vaciar. En bucle. Y así nos pegamos 45 minutos.

La visita a la fábrica

Cuando acabamos, vamos a ver la fábrica sin actividad. Es importante recalcarlo porque han tenido algunas quejas por este tema, pero a todo el mundo le gusta descansar el fin de semana y la fábrica trabaja de lunes a viernes, produciendo una cantidad ingente de yogures y otros lácteos.

Como fuimos en sábado, que forma parte del fin de semana, como sabréis, los herederos tiene carta blanca para entrar y toquetear. Si algo gusta a un descendiente es tocar y apretar botones.

Aquí, mis herederos fascinados por todos los tubos de los que pueden tirar.

Podemos ver los extractores de leche y el proceso de cocción de la leche para acabar siendo yogur. Así como también el envasado y empaquetado.

Audiovisual y degustación

Para finalizar, disfrutamos que un audiovisual hecho con cariño y buen ojo, que narra por los propios empleados como es el trabajo en la fábrica y como son sus productos. Es un audiovisual corto, que puede ser visto por los niños poque es ameno y la información no se hace pesada.

No ganará un Oscar al Mejor Documental, pero palabrita de diseñadora, que está bien hecho.

Mientras tanto, el guía prepara una desgustación con yogures, helados, batidos y mermeladas. Nadie podrá decir que se quedó con hambre, porque hay un refill infinito.

La degustación es una excusa perfecta para ponerse ciega a helado y mermelada. Y encima decir que es sano, sin mirar los 50 grs de azucar por cucharada. Y tan felices.

En total la visita ocupa cerca de 2 horas (degustación incluida).

Conclusiones

La visita me parece altamente recomendable. Aunque estas visitas en las que tienes que «trabajar» siempre me plantean serias dudas. Los niños lo disfrutan, pero los padres no tenemos más que hacer que mirar y acompañar, las explicaciones duran lo que tú lo alarges preguntando. Siempre me quedo con la sensación de que podría haber visto o hecho más.

Está en el parque natural y eso le proporciona un entorno increible, para pasar el día en la zona y por la tarde acabar con esta visita.

Me parece muy enriquecedor para todos, ir y comprobar de dónde sale lo que comemos y, desde luego, ver por una misma en que condiciones trabajan los animales y las personas de la granja.

Si tenemos oportunidad, repetiremos. Pero antes, tenemos otras visitas por descubrir.

Y vosotras ¿sois de actividades en la granja?