Las reformas no son sexis

Ha llegado el verano. Esto es así. Con la llegada, más o menos, progresiva del calor y más horas de luz, llegan las ganas de emprender nuevos proyectos. Mayormente, en el hogar.

Lo más habitual es, que cual ositas en invernación – uso el diminutivo que es más cuqui – poco a poco entre la luz en vuestras vidas. Y os déis cuenta, que al comedor le toca un meneo, porque la descendencia deja las cosas en las sillas, porque la mesa se ha convertido en un dejacosas o porque hay una grieta del marco de la puerta al techo que, a lo mejor, no debería estar ahí.

En nuestro caso, deberíamos reformar toda la casa. Me encantaría cambiar puertas, reformar cocina y hacer del comedor un espacio práctico. Todo esto está pendiente desde que nos mudamos a Villa Hipster. Porque el baño ya lo reformamos al llegar.

Sin embargo, en las últimas semanas nos hemos enfrentado a una nueva reforma en el baño. Por ello puedo afirmar, que las obras no tienen nada de sexi.

La mudanza a Villa Hipster

Llegamos a Villa Hipster en junio de 2010. Es decir, hace este mes 8 años. Ojú, ¡qué viejos somos!

Entonces el piso no tenía baño.

– Perdona, ¿cómo no tiene baño un piso?
– Pues eso, que los anteriores inquilinos, desmantelaron el baño y a nosotros nos lo vendieron así.
– Pero, ¿cómo se va a llevar nadie un baño?
– Bueno, no exactamente “el” baño, se llevaron el WC, la grifería de la ducha, los pomos de todas las puertas, todos los interruptores y enchufes…

Así, que nos encontramos con este precioso baño.

Maravilloso, ¿verdad?

La primera reforma

Podríamos haber mantenido el baño como estaba, solo añadiendo lo que faltaba, pero preferimos, ya que estábamos, rehacer el servicio aplicando algo de lógica.

El principal problema fue, y es, que no teníamos presupuesto para una obra completa. Y os preguntaréis qué quiere decir completa. Fácil, es que esa nano ventana tiene un hueco más grande que la ventana que lo ocupa. Pero sustituirla era muy caro.

Recordemos, que nos estábamos mudando al piso nuevo. No se si os habéis enfrentado alguna vez a una mudanza, pero es estresante. Y más si sumas dar de alta servicios en el piso nuevo y de baja en el viejo, que cuando llevas 3000 papeles hechos ya no sabes ni qué estás firmando porque no haces más que dar altas a cosas.

Al mismo tiempo, teníamos que encontrar a alguien disponible para hacer la obra YA y que accediera hacerla con nuestro mini presupuesto.

El destino quiso que yo ese año hubiera acabado un curso de interiorismo y, con mis nuevos super conocimientos, me viera capaz de diseñar el espacio. Además, gracias a varios contactos, conseguimos los materiales muy económicos o, directamente, del proveedor.

Después de varios diseños, enmerdada hasta las cejas en la mudanza, trabajando simultáneamente, nos pusimos en marcha con la reforma.

Cada día había que pasar por el piso nuevo, que estaba a 45/60 minutos del viejo, para ver como no-avanzaba la obra. Porque, cada día nos encontrábamos una nueva sorpresa: Detrás del falso hueco de la ventana había madera y se tenía que arreglar con tocho. El falso escalón no era falso y tenía tuberías que estaban mal orientadas. El pladur del techo no se podía salvar. Faltaban sacos de runa porque debajo de las dos capas de azulejos apareció la capa de azulejos original. Toda la canalización del agua se tenía que cambiar de diámetro. Y, suma y sigue.

Cuando se acabó la reforma, hubo que limpiar toda la casa, con los 4000 kilos de polvo que genera cualquier obra, por pequeña que sea. Imagínate esta que fue hardcore. Y pintar.

Evidentemente, no había presupuesto para contratar profesionales. Acabamos todos deslomados. Y al día siguiente, seguíamos con la mudanza.

Contra todo pronóstico, acabamos y nos instalamos en Villa Hipster. Pobres, agotados y felices.

Lo barato sale caro

Tanto remarcar que no teníamos ni un euro, que practicamente nos vestíamos con retales y que fuimos a por materiales baratos, venía a cuento de que este marzo, justo después del accidente de coche, el Sr. Moderno se dió cuenta de que el plato de ducha, una ganga que habíamos comprado en un almacén de materiales, se había rajado.

El plato de ducha, digamos que poco uso, no tiene.

Jo, qué gran momento para meternos en otro lío.

Entonces llamamos al seguro. El périto del seguro vino, anotó y fotografió. Y, finalmente, el seguro nos comunicó que no lo reparaban, porque era una mala instalación. En cambio, sí nos indemnizaban para poder realizar la reparación. Por nuestra cuenta.

Sea como fuere, había que hacer una reforma del baño, sustituyendo un plato por otro y reparando la base porque según los fontaneros y paletas que pasaban por aquí “esto está fatal”.

Esta vez la reforma era con un bebé correteando, un niño correteando, dos gatos correteando, abuelas correteando y una casa llena de cosas de niños que correteran.

Después de muchos presupuestos, de perseguir al fontanero y al paleta, de negociar de más y de menos, pusimos la reforma en marcha. Todos viviendo en casa. Una reforma que tenía que durar SOLO día y medio.

La larga reforma

Tenía que durar, pero no duró eso. Duró más, porque al levantar el plato de ducha… ¡ay, amiguitas! Resulta que no estaba tan mal como se pensaban, estaba muchísimo peor. 

Sr. Paleta en acción

Empezaron a reformar primero lo que correspondía al plato de ducha, pero luego resultaba que las cañerías también estaban mal. Y se empezó a formar una nube de todos los materiales que iban picando y quitando.

En total fueron 3 días de picar, mover y reparar. Cada día, cuando el Sr. Paleta se iba a su casa, a desintoxicarse un poco de tanto polvo y tanta cosa, aquí quedaban todos los restos de batalla. Había materiales en el baño, en el balcón, en la cocina. Caminábamos por la casa y cuanto más caminábamos, más polvo se distribuía.

Hicieron morteo y arreglaron la base, cambiaron tubos y cañerías, cortaron azulejos, se cagaron en el que diseñó los azulejos y se llevaron los azulejos para cortarlos al agua, porque en casa no había forma humana de que no se partieran. Colocaron los azulejos, el plato nuevo, la mampara vieja y la borada de color.

Todavía teníamos que esperar 24 horas para poder usar la ducha.

Todo esto, para esto.

Que me diréis, que no se ve mucha diferencia. ¡Es que no la hay!

Porque podría haber sido un resultado cuqui moni, donde enseñara sensualmente una bañera llena de agua con pelatos de flores. Una reforma de un baño grande y espacioso, donde la luz inundara un plato de ducha de marmol y una toalla cayera, graciosamente, sobre los azulejos. Algo donde unas velas distribuidas elegantemente, con unas flores tropicales y un frasco de esencias, se apoyaran sobre la superficie del plato. Algo que hicieras que al ver la foto, te dieran ganas de arrancarte salvajemente la ropa para tirarte al agua.

Pero no.

Pasamos 3 días comiendo polvo para, básicamente, tener lo mismo. Y es que las reformas, cuando no tienes presupuesto, no tienen nada de sexi.

Y vosotras ¿habéis hecho obras en casa?

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4 comentarios Añade el tuyo
  1. Hija mía, me acabo de deprimir leyéndote.
    Yo tengo 180m2 de casa cochambrosa esperándome en España para reformarla enterita y cada vez que me acuerdo me entran sudores fríos.
    Pero tengo que reconocer que me va la marcha y leyéndote, me han dado ganas de arremangarme ahí con el paleta a mover tuberías. ¿No te dio por ponerte tu también a picar?

    1. Cuando yo llegaba a casa, el paleta hacía 30 minutos que se había ido. Pero no estaba para picar mucho porque aquí había más gente que en la guerra y el Sr. Natural, me huele desde que salgo del metro, y no me deja ni quitarme la mochila, que se me tira a los brazos como si le fuera la vida en ello. Huelo así de bien.
      Por otro lado, a mi lo que realmente me agobia es no tener un euro para hacer las reformas tranquila. ¿Qué se tienen que cambiar las tuberías? ¡Venga! ¿Qué se encuentran un imprevisto? Shut up and take my money. Eso sería la auténtica salud. Hay en el barrio una casa tapiada, y cada vez que paso por delante me imagino lo que haría con ella y me emociono. Luego pienso en la pasta y me desmoralizo.

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