10 mg de Primperan

Un día el Sr. Natural, bebé de 16 meses, empezó a vomitar. Nos pusimos nerviosos y el Sr. Moderno decidió darle una dosis de Primperan. En ese momento de tensión (y mucho vómito por todas partes), hubo un error y se le administró una dosis de 10 mg. Lo que nosotros no sabíamos y, os lo digo desde ya, es que a los bebés y niños NO hay que darles Primperan.

Esta es nuestra experiencia con una sobredosis de Primperan. La conclusión os la doy ya: Primperan, malo. Primperan, caca. Pero resulta que en ese momento – pausa dramática – le dimos Primperan en jarabe y una dosis bien altita, de 10 mg, para ser exactos.

¿Qué pasa con el Primperan?

En 2013 se lanzó una nota informativa que advertía de espasmos y convulsiones y que, a nivel neurológico, podían dejar lesiones de varios días de duración. Pero es muy difícil detener un medicamento popular con una nota informativa, el boca oreja de la nota es más lento que la dispersión que ya hay generada con el jarabe Primperan como medicamento común.

El Primperan es una solución que, como norma general, se comercializa en forma de jarabe. Cualquiera ha oído hablar del Primperan y a todo hijo de vecino se lo han recomendado en situaciones de náuseas y vómitos.

Pero no está indicado para cualquier caso de náuseas y vómitos, si no que se reserva para estos efectos causados por la migraña, la radioterápia y la quimioterápia.

El motivo de que el jarabe pare el episodio de vómitos es que actúa a nivel cerebral ya que impide la señal que le dice a tu estómago “expulsa”. Por lo que, podemos entender que está actuando a nivel neurológico.

Antecedentes de vómitos.

Le dimos Primperan al bebé.

Bueno, yo no, fue culpa del Sr. Moderno. Las lapidaciones, a la salida. Gracias.

Puede sucederle a cualquiera porque el Primperan es algo que se ha aconsejado alegremente durante años, con pasmosa facilidad, frente a vómitos y náuseas.

Cuando sucedió, el Sr. Natural tenía 16 meses. Todo acabó bien, con lección aprendida. Por eso quiero compartir nuestra experiencia, para que nadie viva la misma aterradora experiencia, en la que te meten un miedo terrible en el cuerpo y te hacen sentir como la peor progenitora del mundo porque te falta información. Y, de paso, evitar que todo el personal médico de toda tu ciudad te señale con el dedo al grito de “¡túúúúúú mala persona!”.

El Sr. Natural llevaba un día muy malo. Tenía mucha mucosidad, había pasado todo el día quejoso y, a última hora de la tarde, había vomitado 2 o 3 veces seguidas y sin descanso. En este momento de estrés, mientras yo intentaba quitarme la enésima capa de vómito, recogía las sábanas y el suelo estaba encharcado en jugos gástricos y restos de cena, apareció el Sr. Moderno con unas ojeras hasta el suelo y una jeringuilla de Primperan.

Ya vais imaginando la escena.

Mientras yo intentaba limpiarme, el Sr. Moderno cogió a un cansado y quejoso Sr. Natural y le dió la DOSIS. Mientras vi la jeringuilla, le pregunté si esa era la dosis.

“Sí, sí”, me decía. “Es la jeringuilla llena.” Tengamos en cuenta un elevado factor de estrés en este momento. El padre le administró una dosis de 10 mg por vía oral.

Mientras, yo acababa de salir del pantano, al Sr. Moderno le consumía la duda. Y el Sr. Natural se quedaba dormido. Así, con la sensación de que algo no estaba bien, el Sr. Moderno mira el prospecto y lee que la dosis para bebés de 16 meses es de 1 mg, no de 10.

Aquí empezó nuestra mi carrera.

Seguimos estos pasos tras la toma.

1. Llamar a Sanitat Respon y explicar el caso a cribaje. “Bebé 16 meses, sobredosis Primperan”, fácil, ¿no?

2. Esperar a ser atendidos por un médico.

3. Llamar a toxicología.

4. Enterarnos que uno de los efectos secundarios es somnolencia.

5. Observar que el Sr. Natural estaba KO.

6. Seguir en espera del punto 2.

7. Usar otro teléfono para llamar a Santitat Respon y montar en cólera.

8. Ir a urgencias para entrar en observación, como nos habían avisado en el punto 3 y había sido confirmado después del ataque de cólera.

En urgencias.

Cargada con el Sr. Natural y una bolsa para pasar la noche, me planté en urgencias, preparada para pasar 12 horas en observación. Y justo en la recepción, el Sr. Natural se despertó y volvió a devolver.

Pasamos por la puerta grande. Ovación. Ovación.

Los servicios médicos me hicieron sentir fatal. Allí empezaron las preguntas acusadoras, porque dar Primperan es de ser muy malos padres: “Y tú, ¿dónde estabas?”, “Y ¿por qué le dió la medicación el padre?”, “Y ¿por qué le has dado Primperan?”, “Y ¿cómo es que tenéis Primperan en casa?”, ya que todo el mundo sabe que el Primperan es malo.

Quede claro que no es obligación de la madre dar medicación ni supervisar al padre. El padre o la madre son igual de responsables de dar medicación y de hacerlo bien.

Cuando hacíamos la primera visita y le explicaba a todas las enfermeras y pediatra que nos rondaron lo que había pasado, el Sr. Natural volvió a vomitar. Que hasta ahí, lo tenía calculado, poque había llevado 2 mudas, pero no 3. Y, desde luego, lo que no había pensado era en llevar ropa de recambio para mi, porque soy tontalculo. Y en pediatría, algo de ropa para bebés tienen, pero ropa para progenitoras, no.

Lo más terrible del Primperan es que al bebé/niño le pueden dar espasmos. Y no es que “solo” le den, es que si le dan, puede quedar con una secuela de varios días en los que el cuello queda en un rigor similar al de la tortículis. Y claro, todavía parece peor. Porque encima de darle un jarabe para que deje de vomitar (que es de mala persona), se te queda torcido y parece que lo hayas roto.

En urgencias, la observación la realiza el acompañante del menor. Y, de tanto en tanto, me venían a preguntar si yo veía “normal” al Sr. Natural. Y yo contestaba “Normal, normal, no. Está DORMIDO”.

Y me miraban como si yo fuera muy exagerada.

Durante un rato, se despertó y se puso a mover los hombros como siguiendo el ritmo de la música (pero sin música) y yo lo miraba de reojo. Y volvieron a preguntarme si lo veía normal y claro “no… sí… bueno, está moviendo los hombros…”.

Y me miraban fatal porque les hacía perder el tiempo.

El alta.

A las 11 horas de estar en observación, yo ya no podía más. Las urgencias de pediatría no están pensadas para los acompañantes, ni siquiera están del todo adaptadas a los niños. Están en el subsuelo y las camas son cunas que parecen peceras. Estar allí, vomitada, atrapada, muy cansada y no-durmiendo en un sofá diseñado para que 100 años dure, pues a lo mejor, relajante no es. Las condiciones son realmente duras, los niños están nerviosos y los adultos acumulan tensión.

Así, pasadas 11 horas no habían sucedido más síntomas de una convulsión por Primperan y yo no podía más. Me levanté de la silla y pedí el alta voluntaria. “¿Qué le pasa al niño?”, me preguntó la enfermera. Y yo contesté “A él nada, pero yo quiero que me extirpen la cabeza me encuentro muy muy mal”, la enfermera me miraba encantada de la vida “¡Ah!, pues aviso a la pediatra y en seguida te da el alta”. Muchas gracias por ofrecerme un gelocatil.

Ah, que no me lo ofreció, pues vaya.

En casa, todo siguió con normalidad, no hubo más vómitos, secuelas ni espasmos. Y aprendimos que el Primperan no es para niños. Ni para adultos.

Y vosotras ¿habéis pasado 12 horas bien majas en urgencias?

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