La anécdota del sujetador durante el embarazo

En febrero de 2014 estaba en el mágico cuarto mes de embarazo. De repente, volvía a tener ganas de estar despierta y ya no vomitaba just because, en cualquier momento. Por esas fechas yo creía que tenía lo que llamábamos un embarazo de unicornio. Ya, bueno, pues no. Tenía tanto sueño que era capaz de dormir de pie, solo me preocupaba cómo organizarme porque las horas que estaba despierta solo pensaba en dormir, durante el primer trimestre había vivido las peores tres semanas de náuseas y los vómitos de mi vida; me crecieron un montón los pechos y necesitaba encontrar desesperadamente sujetadores de embarazada; para acabar de confirmar que nada iba a ser cómo esperaba se me debilitaron las uñas y nunca tuve aquel pelazo de embarazada que prometen todas las revistas, mientras el padre se planteaba cómo ser padre un moderno y estaba tan fresco.

Hay síntomas del embarazo que nunca aparecen y otros son ineludibles. En el común de las mortales, hacen acto de presencia en ese cuarto mes. Entre estos síntomas del embarazo se encuentran: en el top 1, el aumento de pecho; en el 2, la barriga hace “pop”. En mi caso, esos síntomas aparecieron en la séptima semana, mientras me dormía y vomitaba. Desde la novena semana ya no me podía poner nada de mi armario sin que me apretara la cintura y lo sobrellevé con unos tejanos de cintura muy ancha.

Pero el tema central, el foco del drama eran mis pechotes… ¡ay, mis lolas de preñez! Si de normal, mi talla de pecho no era normativa -con todo lo que conlleva-, con el embarazo la búsqueda de sujetadores de embarazada de mi talla empezó a sobrepasarme. Mientras las hormonas me dominaban y recuperaba poco a poco las energías, decidí guardar los viejos sujetadores de no-embarazada para cuando pudiera volver a usarlos. Y fíjate que escribo en condicional, porque la lavadora decidió que era hora de una dosis de realidad. Cuando tienes una talla “especial” va acompañado de precios “especiales” y no piensas en que vayas a poder renovar cada 3 meses, piensas en que la ropa dure lo máximo posible.

Para ahorrarme una sesión de lavado a mano, metí los sujetadores, incluido mi favorito, en una bolsa de delicado y a la lavadora. Mientras el resto de la colada salió impoluta, mi sujetador favorito parecía haber mordido el polvo en una dura batalla. Y, entonces, me dio la realidad en la cara, a velocidad absurda y con la mano abierta: “¿Qué estaba pensado?”. Después del embarazo, parto y lactancia ninguna teta vuelve a se la misma, yo no iba a ser la misma, mis viejos sujetadores iba a pasar a mejor vida y yo iba a tener que descubrir unos nuevos pechotes en nuevos sujetadores.

Gracias lavadora, para la próxima lección me dejas una nota que también me vale.

Este post fue originalmente publicado el 21 de febrero de 2014. Ha sido revisado y actualizado por su autora original y doy fe de tener casi la misma talla que antes y de seguir con mucho sueño.

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