Maquíllate, maquíllate. Los inicios.

Había una vez una minimoderna, futura Sra. Gafapasta. Eran los tiernos inicios de la década de los 90, a la minimoderna le regalaron una paleta de maquillaje.

La minimoderna amó su paleta de maquillaje porque era finita, de color rojo oscuro y tenía forma de corazón. La tapa por dentro era un espejo, obviamente con forma de corazón. La paleta tenía sombras de ojos y labiales.

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Os podéis imaginar la felicidad de aquella minimoderna.

La puso en su bolsito, sí, la minimoderna tenía un bolsito, y la llevaba a todas partes. Como en todo juego, ella lo llevaba al extremo y se pintaba como una puerta.

Entonces, un día, alguien le dijo muy enfadada, que dejara de pintarse, que la sombra de ojos azul se la ponían las putas prostitutas señoras de vida alegre.

Recordemos, hablamos de los 90, las putas prostitutas señoritas que fuman del Pueblo Nuevo, las que veíamos, no eran las de Pretty Woman, precisamente.

La minimoderna, niña margi (lo que ahora se llama víctima de bullying), de escuela católica, acojonada con la vida y la revelación, guardó la paleta en el bolso, guardó el bolso en el armario y no los volvió a usar nunca jamás.

Años más tarde, llegó la adolescencia. Y comenzó el segundo enamoramiento de la futura Dra. Gafapasta con el maquillaje.

Y la adolescencia de la futura Gafapasta fue… compleja.

Sus amigas, chicas malotas e incomprendidas, no se maquillaban, pero ella sentía que podía hacer lo que le viniera en gana. Empezó por ponerse la sombra de colores chillones, degradados de colores y combinarlos con las uñas.

La futura Gafapasta tenía tal colección de colores que una tarde, la profesora más mojigata del mundo, una profesora de latín que siempre llevaba moño, camisa abotonada, con un lazo al cuello y la falda hasta los tobillos, le preguntó por esos colores tan fabulosos que llevaba.

La futura Gafapasta se quedó ojiplática por su capacidad de influencia. Cosas del ego.

Continuará.

Y vosotras, ¿os maquillábais de pequeñas y en la adolescencia?

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