Dos historias de Adaptación a la Guardería

En 2017 estaba agobiada. Oh, novedad. El Sr. Oh había tenido una adaptación a la guardería lenta, muy lenta, muy lenta. Y era el turno del Sr. Natural. El spirit animal del Sr. Natural no es un pulpo por capricho. Desde que nació se ha pasado la vida agarrado con todas sus fuerzas a mí. Pero yo tenía muchas ganas de que empezara la guardería. MUCHAS GANAS. No soy de esas madres que lloran por dejar a los herederos en el colegio. Soy de las que lloran porque al dejarlos tienen DOS MANOS LIBRES. La guardería es un sitio genial para los niños, estoy convencida de ello, pero esta es la historia de cómo ellos no pensaban lo mismo.

El Sr. Natural es un intenso. Y ya lo era en sus primeros meses de vida. Lo sabe su madrina que se encargó de él las primeras semanas. Y lo saben las abuelas. Este niño pasó por más manos, antes de caer en la guardería, que la falsa moneda. Quienes no lo sabían todavía era sus nuevas educadoras. Ni nosotros sabíamos lo que iba a pasar.

Antes de continuar, retrocedamos unos instantes en el tiempo.

Retrocedamos exactamente 2 años. Y me diréis “Dos años no son un instante”. Dis iñis ni sin un instanti.

En 2015, previo sorteo el Sr. Oh no había entrado en la guardería pública. No sé como andan ahora las cosas, pero en 2014 habían nacido más niños que plazas públicas disponibles. En el sorteo quedamos los 9° en la lista de espera. Pero, “no desesperes”, me dijeron “seguro que te llamamos, siempre hay familias que se mudan a principio de curso o que rechazan la plaza”.

Y todavía estoy esperando esa llamada.

Pasaban las semanas y no me llamaban ni veía que avanzara nuestra posición en la lista de espera. Así que me lié la manta a la cabeza y me tiré sin frenos. Apunté al Sr. Oh a una guardería privada. Ahí, como si la casa no repara en gastos. Antes de empezar la guardería me mentalicé y mentalicé al Sr. Oh, lo preparé psico-emocionalmente, como se entrena a los astronautas para pasar meses en el espacio: Le comí la oreja hasta lavarle el cerebro. A la mínima le susurraba “la guardería es buena, la guardería es tu happy place”.

Spoiler: Sale mal.

La adaptación a la guardería del Sr. Oh fue un cagarro. Duró semanas, SEMANAS, SEMANAS, duras y largas. He dicho semanas.

Seré toda la vida una firme defensora de la educación 0-3 por parte de profesionales cualificados. Pero el Sr. Oh no opinaba lo mismo. A un niño que no dormía más de 20 minutos seguidos y que estaba siempre al acecho de la siguiente etapa evolutiva, los horarios externos le parecían lo que el lado luminoso al Emperador Palpatine: el enemigo a derrotar.

Lo dejaba en el suelo de su aula y parecía que quemara. Levantaba sus puñitos al cielo y proclamaba que jamás perdonaría tal abandono e intentaba derribar la barandilla que lo separaba del pasillo. Si hubiera hablado, habrían salido de esa boquita insultos que solo se oyen a los tronistas más profesionales. Y yo me iba, por primera vez en horas, sin que nadie me colapsara las neuronas. Pero pasaron unas 12 semanas y la cosa mejoró. Entretanto, hubo situaciones de todo tipo, incluida una temporada que, cuando lo iba a recoger y el muy hijo de su madre del Averno simpático, había decidido que la hora de la recogida, con un follón de niños estupendo entrando, saliendo y preparándose para comer, era una hora estupenda para dormir una siesta que nunca jamás había dormido, durmió, dormiría o hubiese dormido en ningún otro sitio que la escuela y que, desde luego, no dormía los fines de semana. PORQUE NO DORMÍA.

Ahora, volvamos con una preciosa elipsis temporal hasta 2017.

El Sr. Natural ya había nacido, se desenmascaró un precioso pulpo inquieto en el cuerpo de un bebé, y yo me puse a trabajar a las 10 semanas. Empezaron los tunos de madrina y abuelas y, ellas saben bien, que cuando te atrapa no hay escapatoria.

El Sr. Natural así, todo el día

Los meses pasaron, llegó el sorteo de plazas de la guardería pública y entró. La gente no paraba de repetir: “¡Qué bien le va a sentar al Sr. Natural la guarde!” o “No le constará nada la adaptación a la guardería”, ya porque con los antecedes del Sr. Oh SEGURO que tenían motivo para pensar así.

Los. Co. Jo. Nes.

Al Sr. Natural la adaptación le costó un huevo. Se pensaba que lo íbamos a cocer a la gallega. O a cocinar al horno. Cada vez que lo intentaba dejar en el carro, 4 patas con ventosas me atrapaban y no había manera de que su culo llegara a tocar el asiento. Cuando llegábamos al colegio, se me enganchaba a los brazos y hacía pucheros. Cuando las educadoras conseguían soltar sus ventosas invisibles recibían perfectos ganchos de derecha, pero ellas como profesionales esquivaban los golpes. Quizás él necesitaba madre 24/7. O quizás fuera instinto. O quizás solo fuera un porculero con DO, pero yo necesitaba un sueldo.

Así que en estuvimos en ello, la adaptación a la guardería del Sr. Natural final fue de 9 semanas. Un poco más corta que la del Sr. Oh., pero igual de intensa. Ambos fueron muy felices en sus respectivas etapas de colegio 0-3, alguno tuvo un ritmo más respetado que el otro.

Y la moraleja es: Todo pasa y déjate fantasías, la adaptación a la guardería no son 15 días como nos han contado. Son mínimo 6. Si a ti, como persona adulta empezar en un sitio nuevo te cuesta 1 mes, si empezar un nuevo hábito te lleva 40 días, ¿cómo le va a llevar a un bebé 15 días la adaptación? Necesita tiempo, abrazos, confiaza y una tila. O dos. O muchas. Y su poquito de diazepam, también.

Este post fue originalmente publicado el noviembre de 2018. Ha sido revisado y actualizado por su autora original y doy fe de que las cosas salieron bien.

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